Con una amplia trayectoria en el ámbito de la docencia, la administración pública y la gestión de proyectos, María Luisa Ojeda tiene muchas anécdotas que contar sobre su experiencia, pero toda historia comienza con un momento preciso, y en el caso de la ingeniera civil química, su camino hacia la actualidad comienza en una feria en la antigua sede de la Universidad de Magallanes, en el centro de Punta Arenas.
“Cuando estaba en tercero medio me llevaron a una especie de feria educacional en esa sede. No tenía claro lo que iba estudiar en ese momento, pero siempre me había gustado el área científica, así que cuando entré me fui derechito al stand de Ingeniería Química. Pude ver los laboratorios y los proyectos que estaban desarrollando, como prototipos para congelación de champiñones y mini plantas de gasolina. Todo lo encontré súper interesante y quedé súper motivada”, recuerda.
Luego de conversar con su familia y descartar el moverse a otra región, María Luisa comenzó a estudiar Ingeniería Civil Química, una carrera que –según sus palabras- no fue fácil: Aparte de las matemáticas y los ramos de especialidad, la antigua malla de la carrera tuvo muchas asignaturas, entre mecánica, electricidad y dibujo para diseño de proyectos. Su tesis, realizada en el área de la termodinámica, también fue un largo camino ya que, desde segundo año, comenzó a hacer ayudantías de laboratorios y de ejercicios, concretando finalmente su paso hacia la docencia.
Todo el esfuerzo rindió frutos: aprobó todos sus ramos y fue así que, en el año 90, se convirtió en la primera mujer egresada de una carrera de ingeniería civil en UMAG.

María Luisa siguió con la docencia asumiendo varias asignaturas, y a mediados de los 90 llegó hasta la Universidad de Concepción para realizar un magíster en Ciencias de la Ingeniería. Sin embargo, la falta de académicos en el Departamento de Ingeniería Química la hizo tomar una vital decisión: “Con mi esposo decidimos retornar a Punta Arenas, pero más que lamentarme por no alcanzar a realizarlo (el magíster), fue una retrospectiva de qué íbamos a hacer desde ese momento, siguiendo el camino de la docencia y la investigación”.
La decisión también aclaró el área en la cual quería desarrollarse, relacionada con la temática ambiental. Fue así que, años después, se inscribió en el magíster de Gestión y Tecnología Medioambiental de la Escuela de Organización Industrial (EOI), de la Universidad Politécnica de Madrid, quienes dictaron el programa en Chile, postgrado que finalmente concluyó.
Su paso por el magíster coincidió con la publicación de la Ley de bases de Medio Ambiente y posteriormente, con el reglamento de sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, normativa que María Luisa pudo implementar por primera vez en el curso de gestión ambiental que se dictaba en ese entonces en la universidad.
Si bien la docencia siempre había sido su ruta, la administración pública comenzó a llamarle fuertemente la atención. “Tenía ganas de hacer otras cosas, de enriquecerme y saber qué implicada estar en el servicio público. Se dio la oportunidad de postular a directora regional de la Comisión Nacional de Medio Ambiente y ahí estuve seis años”, recuerda. La Secretaría Regional Ministerial de Bienes Nacionales en Magallanes de ese entonces planteaba un programa que implementaba nuevas áreas protegidas en el territorio, por lo que María Luisa asumió el cargo de seremi de la cartera.

Luego de ese mandato, María Luisa es invitada por la académica María Rosa Gallardo y el Dr. Humberto Vidal, a ser parte del Centro de Estudio de los Recursos Energéticos (CERE-UMAG), convirtiéndose en gestora de proyectos, siendo parte fundamental del plan de transición energética de Magallanes. Su trayectoria en este ámbito hizo que fuera nuevamente llamada a liderar una cartera de ministerial en el año 2022, esta vez de Energía.
No obstante, la carga laboral y una importante pérdida familiar la hicieron repensar su presente y volver nuevamente a la academia: “Me puse a pensar en mi salud, en mis hijas, y afortunadamente, en la universidad siempre me han expresado que las puertas están abiertas para mí”, comentó. Luego de su paso por el servicio público, la ingeniera se encuentra nuevamente en UMAG, realizando nuevos proyectos y haciendo equipo con sus colegas hasta la actualidad.
La experiencia obtenida en todos estos años de docencia, administración pública y gestión de proyectos la ha llevado a ver con ojo crítico el presente de los estudiantes. “Ves a los chicos que vuelven de sus postgrados, miran a su alrededor y no tienen cómo armar un equipo, incluso los Fondecyt regulares para académicos son muy complejos de hacer solos, por eso recalcamos en la Facultad que sean capaces de armar equipos multidisciplinarios, ya que las soluciones también son así, hay que verlas desde diferentes perspectivas y profesiones, es parte del crecimiento personal”, reflexiona.
María Luisa busca motivar a los estudiantes a que se interesen no solo en desarrollarse profesionalmente en la industria o el sector público, sino que también consideren la investigación. “Ese es un trabajo que tenemos que hacer, motivar. No es solo que te sientes y escuches al profesor hablar, sino que puedes ser parte del desarrollo que realiza la universidad. Dedicarte a la investigación es un trabajo súper noble y dedicado”.
María Luisa Ojeda Almonacid es Ingeniera Civil Química de la Universidad de Magallanes y Magíster en Gestión y Tecnología Medioambiental de la Escuela de Organización Industrial (EOI, España).